Abres los ojos, y todo está en su sitio. Tu habitación está igual que todas las mañanas. Nada cambia aparentemente, pero algo en tu interior no dice lo mismo. Pasas las noches en vela, pensando en todo aquello que te atormenta. Miles de preguntas te atacan por todos lados, y no sabes la respuesta de ninguna de ellas. Es extraña esa sensación de vacío que se siente cuando no encuentras aquello que buscas. Muchos intentan llenarlo con sonrisas y alguna que otra carcajada, pero bien sabes que nunca lo conseguirán.
A menudo, el vacío de nuestro interior depende sólo de una persona; nosotros mismos. Nos machacamos y torturamos hasta hacernos daño, insistiendo en aquellos horribles recuerdos o miedos que se almacenan en lo más profundo de nuestro pensamiento, y, lo peor de todo, es que nunca asumiremos la culpa.
Somos seres infelices. Pasamos la vida preocupados por el qué dirán. Nos sentimos mejor si los demás están a gusto con nosotros, sin pensar en qué dice nuestra propia mente.
El reflejo que nos devuelve el espejo nunca es de nuestro agrado, y esa opinión no cambia si no te persuade otra persona.
El egoísmo es nuestra forma de vida. Vivimos por y para nosotros, buscando únicamente una estabilidad emocional realmente inexistente. Todo lo que creemos cierto es mentira, y poca gente se ha dado cuenta de ello.
No podemos pretender encontrar nuestra felicidad en las bocas de otros. Nuestras palabras son las únicas que tienen voz y voto sobre nosotros mismos, aunque a veces cueste mucho aceptarlo. El primer te quiero que tenemos que recibir en un día, es el propio, y ninguno vale más que ese.
Quizá estas palabras queden en el olvido o no lleguen a ser leídas, pero la liberación de escribir lo que pienso y siento es mucho más satisfactoria que el mejor orgasmo.
Excelente!!
ResponderEliminarGracias Sally! ^__^
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