martes, 20 de septiembre de 2011

Bah

No contestes. No hables. No opines. No digas nada, sólo lee. Te quiero. Te quiero. Te quiero. Te quiero. ¿Tan difícil es de entender? Te quiero. Son dos simples aunque significativas palabras. ¿No es suficiente? Si así es, allá voy.
Paso las horas pensando en ti. Mi libreta está llena de tus iniciales. Sólo pienso en el momento en que pueda volver a hablar contigo. Necesito ver tu sonrisa, oir tus carcajadas, oler tu perfume... necesito todas esas cosas. Sí, las necesito. No pasa un día sin que me acuerde de tus gestos, tus labios, tus manos...
Un puñal atraviesa mi cuerpo con cada respuesta indiferente. Ese “hoy no”... me mata por dentro. Entiéndelo, ahora tú estás dentro de mi. Formas parte de cada célula de mi cuerpo. Eres el principal pensamiento en mi cerebro. Me acuesto y me despierto pensando en ti.
Nunca descansas en mi cabeza, me mareas. Me haces pensar, reír, llorar... sin ni siquiera estar presente. A veces te quiero tanto, que resulta doloroso.
Para esa persona especial, de la imbécil que no puede parar de escribir cursiladas.

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